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La vida viene marcada por la incertidumbre, ya que no sabemos con certeza lo que puede ocurrirnos en el futuro. Ante esta situación, todas las personas estamos expuestas a una serie de riesgos motivados por diversas causas más o menos controlables.

En este sentido, se considera riesgo el peligro o la posibilidad de sufrir un daño o de que ocurra una circunstancia desfavorable. Toda persona puede fallecer o enfermar en un momento determinado, de la misma forma que sus pertenencias pueden resultar destruidas o dañadas por diversas circunstancias.

La cobertura de este riesgo constituye la causa y el objeto de todo contrato de seguro, ya que ayuda a protegerse económicamente ante el acaecimiento de hechos imprevistos, cuyas consecuencias superan la capacidad individual de reparación.

Así, aunque hay personas que asumen el riesgo, existen otras que prefieren disponer de algún tipo de ayuda económica en caso de que, en el futuro, se vean afectadas por acontecimientos (contingencias) desfavorables.