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Partiendo de la base de que el usuario de una tarjeta, con independencia de si la misma es de crédito o de débito, es responsable de la custodia y del buen uso de la misma, en caso de que produzca su pérdida o extravío y, como consecuencia de ello, se proceda a su uso fraudulento (retirada de dinero en cajeros, uso en establecimientos comerciales, etc.), la responsabilidad dependerá del momento en concreto en que se haya cometido el citado uso fraudulento: