La renta variable agrupa numerosos activos financieros que se caracterizan por no garantizar ni la recuperación del principal ni la obtención de rendimientos. Dentro de estos activos, cabe destacar el papel de las acciones, que se han convertido en el activo de renta variable más reconocible por su alto volumen de contratación.
La compra de acciones supone la adquisición de titularidad sobre una parte del capital social de una sociedad anónima, de forma que el inversor resulta “accionista” de la misma, con todos los derechos asociados: dividendos, asistencia y voto en las Juntas Generales, etc.
Las principales vías de obtención de rendimientos a través de las acciones son las plusvalías obtenidas en caso de venta de acciones y los dividendos (parte de los beneficios obtenidos por la entidad que esta decide repartir entre los accionistas).
Los instrumentos de renta variable se negocian en distintos mercados a través de intermediarios financieros, si bien en España cobra especialmente relevancia, por el volumen de activos que se negocian en la misma, la bolsa de valores (Bolsas de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia).
Guía Financiera
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